Buff, vaya semanita que he pasado, y es que me ha pasado de todo. Cosas buenas y cosas malas.
Empecé la semana bastante bien, ya que el lunes me tocó ser ayudante de Aurora, y... que hice como ayudante de Aurora, pues bien, les enseñé a mis compis como me llamaba, poniendo la tarjeta con mi nombre en el encerado, y a continuación miré por la ventana y vi que estaba lloviendo, así que les puse en la misma pizarra unas nubes con gotitas, que indicaban el tiempo que hacía ese día.
Como ayudante de Aurora, repartí también los vasos para beber agua, las galletas, y las pegatinas de campeones a los niños que se lo habían ganado ese día.
También tuve el privilegio de ir a la biblioteca, y saqué un libro de dinosaurios con mi carnet de biblioteca. Aurora me dio también un papelito donde se indica cuando debía devolver el libro.
Durante la comida, repartí los baberos, y al final del día, regué las plantas del patio con el agua que había sobrado.
Al llegar a casa mis papis se pusieron muy contentos cuando les enseñé el libro y por la noche lo leí con papá en la cama, antes de acostarme.
Empecé la semana bastante bien, ya que el lunes me tocó ser ayudante de Aurora, y... que hice como ayudante de Aurora, pues bien, les enseñé a mis compis como me llamaba, poniendo la tarjeta con mi nombre en el encerado, y a continuación miré por la ventana y vi que estaba lloviendo, así que les puse en la misma pizarra unas nubes con gotitas, que indicaban el tiempo que hacía ese día.
Como ayudante de Aurora, repartí también los vasos para beber agua, las galletas, y las pegatinas de campeones a los niños que se lo habían ganado ese día.
También tuve el privilegio de ir a la biblioteca, y saqué un libro de dinosaurios con mi carnet de biblioteca. Aurora me dio también un papelito donde se indica cuando debía devolver el libro.
Durante la comida, repartí los baberos, y al final del día, regué las plantas del patio con el agua que había sobrado.
Al llegar a casa mis papis se pusieron muy contentos cuando les enseñé el libro y por la noche lo leí con papá en la cama, antes de acostarme.


Como llovía mucho no salimos de casa, pero me lo pasé muy bien bailando con la canción de Juan Pequeño que me puso mamá.
Pero, el peor día fue el miércoles, ya que me quemé con la vitro de mamá. Yo solo quería ver las patatas fritas y el pollo que me había echo para cenar, pero puse la mano sobre un fuego que todavía estaba caliente y me quemé. Papá y mamá se asustaron mucho, y rápidamente me pusieron la mano en agua fría, y después me hicieron agarrar un pescado congelado. Luego me echaron una crema que se llama Avril, para que me curara pronto y me pusieron una venda, que por cierto no me gustaba mucho, me recordaba la escayola que tuvo el padrino por el verano.
Yo me asusté mucho y no podía dejar de llorar, así que casi sin cenar me fui para la cama, a ver si se me pasaba. No podía quitármelo de la cabeza y cada poco me despertaba, no podía conciliar el sueño, hasta que llegó un momento en el que me dormí.
Al día siguiente mamá me miró la mano y se alivió al ver que no había sido mucha la quemadura.

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